
Desde que el fútbol es fútbol la gente siempre ha querido meter goles, marcar gol tiene glamour, desata euforias y vende camisetas...por eso que alguien se dedique a evitar esa fiesta es difícil de entender para los que no se dedican a esto.
Las malas lenguas dicen que de portero siempre se pone el que era más inútil con el balón en los pies, o el más gordo por eso de cuanto más abultes menos hueco hay para meter el balón. Sinceramente ninguno de los dos casos antes mencionados llegará lejos en el mundo de la portería. Más que nada porque eso de que te llamen inútil o gordo no hace que le tengas aprecio al balompié.
Yo en mi tierna infancia me debatía entre la portería como mi ídolo Casillas y jugar de lateral, llegué a ser un incordio para todo aquel que quería llegar a puerta para los que me cubrían porque era un culo inquieto y una pesadilla para cualquier delantero y era complicado regatearme sin llevarse un regalito. En alguna ocasión de gol estuve, pero marcar... siempre lo intentaba de cabeza, siempre de corner y siempre viniendo desde atrás como un tren de mercancias.
Pero al final siempre acababa los partidillos en la portería, primero porque de portera me sentía especial y me divertía más, y segundo porque por mucho que digan que marcar un gol mola... sacar un balón en la línea y ver como al delantero se le cae el mundo encima...eso es la gloria.
Yo siempre digo que ser portero es como ser del Alavés..., aparentemente (sólo aparentemente y para el ojo inexperto) está lleno de sinsabores, pero los porteros estamos muy orgullosos de serlo porque para detener balones hay que valer y hay que tenerlo bien puestos, por eso cada vez que mi madre me pregunta "hija...¿Por qué eres portera y no vuelves a ser lateral?" Yo siempre le contesto "Porque sólo uno de cada once jugadores de fútbol tiene lo que hay que tener para ponerse bajo los palos"
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